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¿Y qué es la verdad?

¿Y qué es la verdad?

No deja de ser perturbador que toda la legitimidad política descanse en ganar las elecciones y que las elecciones las gane quien miente más y mejor

Hace dos mil años, Jesús respondió a Pilato que él había venido a dar testimonio de la verdad. Entonces Poncio Pilato le interrumpió con una frase que ha pasado a la historia más allá de las creencias religiosas de cada cual: ¿Y qué es la verdad?

Pasan los siglos, pero las personas seguimos albergando, a la vez, una irresistible inclinación a mentir y un intenso deseo de que nos digan la verdad.

En general, los ciudadanos somos conscientes, en abstracto, de que nos mienten. Pero a menudo no sabemos, en concreto, caso a caso, noticia a noticia, quién nos miente y hasta qué punto nos miente.

A partir de ahí viene el ruido, la distorsión, la manipulación y las “fake news”, que son el marketing político llevado al extremo.

Salvo en la elección del alcalde de Villaconejo de Arriba, donde todos se conocen, la batalla política, que es diaria y se concreta en las elecciones, es una batalla de imagen.

Los Iván Redondo, los Arriola, los MAR en España, o los Jen O’Malley, los Steve Bannon o los Bill Stepien en los Estados Unidos, tienen dos funciones: Crear una imagen positiva y triunfadora del candidato para el que trabajan (ocultando sus errores y magnificando, o inventándolas si es preciso, sus virtudes) y hacer lo contrario con el adversario, para tratar de destruir su imagen.

Para este trabajo, que se premia con el poder y se castiga con la pérdida del mismo, la verdad es una molestia continua.

No deja de ser perturbador que toda la legitimidad política descanse en ganar las elecciones y que las elecciones las gane quien miente más y mejor.

Y como a pesar de todo soy un defensor de las instituciones y no soy antisistema, voy a acogerme de inmediato a aquella frase de Sir Winston Churchill, que decía que la democracia es el peor sistema conocido con excepción de todos los demás.

Tengo la impresión de que el mundo occidental está desarrollando mejor la técnica de la mentira que la difusión de la verdad. Dicho de otro modo, no se me pasa por la cabeza que hoy en día Nixon dimitiera. Sus asesores saldrían en tromba a hacer eso que los catalanes llaman “embolica que fa fort”.

Tengo la impresión de que el mundo occidental está desarrollando mejor la técnica de la mentira que la difusión de la verdad

A todo eso, con lo revuelto que está el río, en España Pedro Sánchez se ha apuntado a la idea de legislar qué es la verdad. Que Poncio Pilato no lo sabía, pero él sí.

(Entre nos, la verdad para Pedro Sánchez es lo que a Pedro Sánchez le conviene en cada momento)

No estoy en absoluto de acuerdo con legislar la censura de los bulos más allá de la actual legislación civil y penal. Lo último que necesitamos los ciudadanos es un “Ministerio de la Verdad” porque, obviamente, la única labor de este Ministerio sería censurar a beneficio del poder de turno. Cualquier “Ministerio de la Verdad” será siempre un “Ministerio de la Mentira”

Un buen abogado y amigo de Málaga me decía muy atinadamente, a raíz de las elecciones norteamericanas, que la democracia es buena para los individuos, pero no para los imperios.

Los “Ministerios de la Verdad”, por el contrario, son buenos para los imperios, incluso los de andar por casa, pero no para los individuos.

A partir de ahí, lo siento, estamos solos ante la mentira. Perdamos toda esperanza en que la mentira desaparezca por decreto porque la naturaleza humana no cambia por decreto.

Somos nosotros los que tenemos que aprender a informarnos, a contrastar, a ser críticos y a penalizar a quien nos miente, sea político o medio de comunicación. Tenemos que aprender a separar el grano de la verdad de la paja de la intoxicación porque, sinceramente, nadie lo hará por nosotros y menos que nadie un organismo público.

Y sí, ya lo sé, es muy probable que no triunfemos. Somos nosotros mismos los que estamos predispuestos a creer a los nuestros y a aceptar de forma acrítica que solo los contrarios nos engañan. Se lo ponemos fácil.

No descartemos en absoluto que, como decía el gran Jen François Revel, la mentira siga siendo la primera fuerza que mueve el mundo.

Carlos M. Florit Canals
www.florit-abogados.com

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