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OPINIÓN

Semana rojigualda de España y negra de Pedro Sánchez

Semana rojigualda de España y negra de Pedro Sánchez

Hay semanas que uno no sabe de qué hablar y hoy podría preparar hasta tres entradas:

Podría escribir un artículo titulado “Empieza un juicio difícil”, porque, de verdad, no es fácil la tarea que tiene el Tribunal Supremo por delante. También podría analizar “Por qué Pedro Sánchez odia a España”, porque en el fondo la odia. Sin embargo, la semana ha sido tan truculenta que la actualidad impone hablar de lo que ha ocurrido estos últimos días.

El Gobierno de España ha pasado, en horas, de admitir un negociador, mediador, relator, árbitro o intermediario (¿internacional?) a romper abruptamente el “diálogo” con los independentistas. De una cesión humillante, gravísima en sus consecuencias y preludio de cosas peores a escenificar una ruptura que implicaría un giro de 180o en la política del Gobierno.

El Gobierno de España ha pasado, en horas, de admitir un negociador, mediador, relator, árbitro o intermediario (¿internacional?) a romper abruptamente el “diálogo” con los independentistas. De una cesión humillante, gravísima en sus consecuencias y preludio de cosas peores a escenificar una ruptura que implicaría un giro de 180o en la política del Gobierno

Frente a ello, una marea humana de españoles de a pie, de derechas, de centro y de izquierdas ha dicho, hemos dicho, que hasta aquí hemos llegado.

Hay ejemplos de procesos en los que se han nombrado mediadores con distintos nombres y eso era la internacionalización del conflicto tan deseada por el independentismo.

Pero sobre todo, eso era la aceptación, al menos tácita, por España de que no tenemos instituciones legitimadas para decidir legal, legítima y democráticamente respecto de Catalunya y quienes la han gobernado (Congreso, Senado, Tribunal Constitucional, Poder Judicial) y que, por lo tanto, ha de abrirse una negociación con alguien “neutral” que medie entre dos “legitimidades” equidistantes, puestas al mismo nivel, que resuelva el conflicto entre una parte (España, nuestras instituciones, nuestras leyes) y la otra (Catalunya, su pretendida soberanía, su “República”, su “autodeterminación”)

Una línea argumental nacida para tener impacto ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos al que recurrirán los líderes del “Procés”.

Es tan fuerte el paso que iba a dar Pedro Sánchez que la reacción ha sido inmediata.

A Pedro Sánchez no le preocupaba la manifestación de Madrid porque los ciudadanos no podemos votar contra él hasta junio de 2020. Tampoco le preocupaba, en sí, que sus enemigos internos, los barones de Castilla La Mancha, Aragón o Extremadura, pudieran perder sus gobiernos regionales. En Andalucía ha aprovechado la derrota de Susana Díaz para moverle la silla al frente de la secretaría general regional. ¿Por qué no hacer lo mismo con Page o Lambán?

Lo que ha generado pánico en Pedro Sánchez es que bastan SIETE diputados del PSOE, no más, para que prospere una moción de censura presentada por PP y Ciudadanos con un candidato neutral, un “convocador de elecciones” frente al “relator” del Gobierno.

Lo que ha generado pánico en Pedro Sánchez es que bastan SIETE diputados del PSOE, no más, para que prospere una moción de censura presentada por PP y Ciudadanos con un candidato neutral, un “convocador de elecciones” frente al “relator” del Gobierno

¿Hay siete diputados socialistas dispuestos a matar políticamente a Pedro Sánchez, esta vez sí, si Sánchez les da una excusa inequívoca para justificarlo ante sus votantes, ellos o los barones o baronesas de sus respectivos territorios?

El Presidente ha optado por escenificar que recula descubriendo, oh sorpresa, que los independentistas quieren la independencia, quién podía imaginarlo, y lo ha hecho ante el riesgo de que el Congreso de los Diputados se convirtiera para él en un nuevo “Comité Federal” como el que le echó de la Secretaría General del PSOE.

No me cabe la menor duda de lo que ahora hará Pedro Sánchez: Asegurará en público y a los suyos en privado que eso de ceder frente a “los catalanes” se ha acabado e igualmente asegurará en privado a los independentistas que en cuanto escampe, retomará el camino del “diálogo”.

¿Y a quién engaña? Pedro Sánchez odia a España, eso habrá que explicarlo otro día, pero su instinto de supervivencia personal es más fuerte que su rencor a España. Así que irá engañando a todos en función de lo que necesite en cada instante para sobrevivir. Sólo por eso esta semana ha escenificado la ruptura.

No puedo acabar esta entrada sin una referencia a Carmen Calvo. Esa señora nos dio una pista sobre su nivel cuando dijo aquello de que “el dinero público no es de nadie”. En realidad, hemos visto esta semana que su incompetencia era muy superior.

Carlos M. Florit Canals
www.florit-abogados.com

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