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El placer de que te toquen el claxon

El placer de que te toquen el claxon

Ir a 30 km/h cuando no hay coches o la circulación es fluida, por ejemplo un domingo a cualquier hora o un día laborable en horas valle, es realmente irritante

Si me preguntan, a bote pronto, qué ha hecho Francina Armengol en sus años de presidenta del Govern, diría que salir de copas a horas en que el resto de los residentes estamos bajo toque de queda y si me hubieran preguntado lo mismo del alcalde de Palma, José Hila, hubiera dicho que ni siquiera salir de copas.

Sin embargo, Hila ya ha hecho algo: Limitarnos a 30 km/h la velocidad de circulación en Palma.

Buena parte de los conductores palmesanos hacen caso omiso a la norma de forma que allí donde el Ayuntamiento pone un radar se forra a multas. Me pasaron unas imágenes de Son Rapinya en las que se veía una auténtica metralla de flashes.

Ir a 30 km/h cuando no hay coches o la circulación es fluida, por ejemplo un domingo a cualquier hora o un día laborable en horas valle, es realmente irritante. A eso se suma que el Consell, también en manos de la izquierda, ha limitado la velocidad en la autovía de cintura, realmente una autopista, a 80 km/h.

¿Qué le pasa a la izquierda?

Es muy sencillo. La izquierda nació para mejorar el nivel de vida de las clases trabajadoras, hoy clases medias trabajadoras, y eso ya no sabe hacerlo. Allí donde gobierna la izquierda, las clases populares no prosperan.

Por eso, porque han perdido, de hecho, esta su bandera, han de coger otras: El aborto, el matrimonio gay, la eutanasia, el hermana-yo-si-te-creo, el cambio climático, los derechos de los animales o el veganismo.

Da igual si estas causas están bien, mal o regular, que unas estarán mejor y otras peor. La izquierda no se apunta a estas causas porque crea que estén bien sino porque necesita coger banderas nuevas porque la suya fundacional, el bienestar de las clases menos favorecidas, es una bandera a la que ya no saben servir.

La izquierda balear no es una excepción. Los gobiernos de Francina Armengol, de quien sea el presidente o presidenta del Consell, que ahora mismo no sé quién es, y de José Hila no son capaces de conseguir que los salarios más bajos suban, ni que los hijos de las familias más humildes cojan más fácilmente el ascensor social, ni que su base natural de votantes llegue más holgadamente a final de mes.

Y por eso cogen la bandera del cambio climático y para hacer algo que suene a que luchan contra el calentamiento global, limitan la velocidad en Palma a 30 km/h y por la autovía de cintura a 80 km/h. Porque dicen que contamina menos.

Y en esas que cojo el coche en domingo, me llevo a mis padres a dar una larga vuelta por Valldemossa, Deià y Sóller y de regreso a Palma, con la calle vacía, cumplo la norma, voy ridículamente a 30 km/h, y con ello, saco de quicio al conductor de un autobús de línea regular…

Y en esas que cojo el coche en domingo, me llevo a mis padres a dar una larga vuelta por Valldemossa, Deià y Sóller y de regreso a Palma, con la calle vacía, cumplo la norma, voy ridículamente a 30 km/h, y con ello, saco de quicio al conductor de un autobús de línea regular, Transports de les Illes Balears, que me seguía desesperado por mi lentitud.

Por dos veces me ha tocado intensamente el claxon hasta que me ha adelantando dando manotazos (y supongo que insultándome). Me ha alegrado la mañana.

Ahora sé que contra Hila, aparte de disponer de un voto dentro de tres años, tengo la capacidad de irritar a los ciudadanos que habrán de renovarle o retirarle la confianza en cuanto haya elecciones municipales y para ello simplemente he de cumplir la absurda norma del límite de velocidad que, aplicando el sentido común antes que la ordenanza, la gente se salta siempre que hay vía libre.

Debería perfeccionar mi técnica: He de imprimirme unos carteles de cartón con el 30 enmarcado en el círculo de la prohibición, con el nombre del alcalde escrito de forma bien visible; luego he de ponerme a circular por la ciudad cumpliendo la norma a todas horas y cada vez que alguien me toque el claxon, sacarle el letrero por la ventana, para que se acuerde del Sr. Alcalde.

¿Y quién derogará esta norma?

Una extraña intuición me decía que el PP no, por aquello de que la izquierda hace leyes, el PP se opone, pero luego no las toca. Decía, a regañadientes, yo que voy de moderado por la vida, que no tendría otra alternativa que votar a Fulgencio Coll, el general retirado de Vox.

Pues bien, PP y Ciudadanos ni siquiera votaron en contra, se abstuvieron. Así que menos derogarán este engendro. Solo Vox votó en contra. Fulgencio Coll puede conseguir el primer voto a la derecha del PP de toda mi biografía política. PP, C’s, os quedan tres años para convencerme de que no es preciso.

Carlos M. Florit Canals
www.florit-abogados.com

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