Otoño cansino
OPINIÓN

Otoño cansino

Era adolescente y los sindicatos ya tenían por costumbre anunciar otoños calientes. Visto con una perspectiva de décadas, nunca ocurrió nada que pasara a la historia. Este año, una vez más, se nos advierte desde múltiples instancias de que se avecina otro otoño caliente.

Nos lo anuncian los líderes del independentismo catalán, Jaume Alonso-Cuevillas, Puigdemont y Torra, cada vez más por este orden.

A lo que se ve, la fiebre amarilla no se cura con los antiinflamatorios de Pedro Sánchez. Catalunya se está convirtiendo en la versión contemporánea de Penélope, con ciudadanos quitando por la noche los lazos amarillos que otros colocan por la mañana.

Más que un otoño caliente, me temo un otoño cansino.

Como la cuestión catalana está más que encallada, el gobierno socialista necesita desviar la atención y nos va a dar la lata con la historia de exhumar a Franco. Ya puestos, podrían desenterrar también a Carrillo, a Lluís Companys, a Indalecio Prieto, a Largo Caballero, a la Pasionaria, a Lerroux, a Julián Besteiro y a Primo de Rivera y que cada cual elija qué fantasma del pasado quiere liarse a la cabeza. A ver si entre todos montamos un apocalipsis zombie.

Como la cuestión catalana está más que encallada, el gobierno socialista necesita desviar la atención y nos va a dar la lata con la historia de exhumar a Franco. Ya puestos, podrían desenterrar también a Carrillo, a Lluís Companys, a Indalecio Prieto, a Largo Caballero, a la Pasionaria, a Lerroux, a Julián Besteiro y a Primo de Rivera y que cada cual elija qué fantasma del pasado quiere liarse a la cabeza

Fuera de España las aguas también bajan revueltas. Donald Trump se ha ido peleando, simultánea o sucesivamente, con los mexicanos, con Corea del Norte, con Irán, con la UE, con los chinos, con Turquía y ahora con Canadá… aunque es más cierto que ya llevamos dos años con ese hombre de Presidente de los Estados Unidos y no ha estallado la Tercera Guerra Mundial.

Soy de los que opinan que al principio era la grosería y la grosería se hizo hombre. Y habita entre nosotros y preside la primera potencia mundial. Pero conviene no exagerar. Detrás de desplantes, fanfarronadas, gritos e insolencias, lo que hay son intereses que cada cual negocia a su manera, la de Trump, sin duda peculiar.

Toda la historia del muro que tenían que pagar los mexicanos ha acabado con un pacto entre Donald Trump y el Presidente electo de México por el que los coches fabricados al sur de Río Bravo se seguirán vendiendo libremente en Estados Unidos a cambio de incrementar diez puntos el porcentaje de componentes “made in USA”.

Ahora es Canadá el país puesto en el punto de mira de Trump. La prensa apoya masivamente a Justin Trudeau, el premier canadiense, que es algo así como el Justin Bieber de los primeros ministros. Pero conviene saber que incluso los medios más contrarios a Trump, como el Washington Post o el The Guardian, informan que al firmar el NAFTA Canadá se reservó en la letra pequeña, por ejemplo, un arancel del 270% sobre los productos lácteos estadounidenses. A veces Trump clama con razón.

Dado que en noviembre hay elecciones para renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, sí, lo más probable es que Donald Trump nos regale un otoño repleto de exabruptos y amenazas. Lo dicho, cansino

Dado que en noviembre hay elecciones para renovar la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, sí, lo más probable es que Donald Trump nos regale un otoño repleto de exabruptos y amenazas. Lo dicho, cansino.

En Europa, mientras tanto, entraremos en la recta final de las negociaciones sobre el Brexit e Italia seguirá desviando a España barcos con inmigrantes ilegales que, según los días, serán recibidos por ZBambi II o serán repudiados por el pequeño Marlaska. Lo previsible es que el gobierno siga bailando la yenka, algo que, con el paso de los meses, se va haciendo aburrido.

Incluso el Vaticano tiene por delante un otoño caliente a poco que Monseñor Viganò documente las acusaciones más graves que un obispo ha formulado contra un Papa en muchos siglos.

Pero también ahí conviene no perder la calma: La Iglesia sobrevivirá a Bergoglio y a Viganò.

Seguro que los psiquiatras tienen una explicación: Después de pasar un verano descomprimidos la ley del péndulo nos conduce a otoños calientes. A pesar de todo, apuesto pincho de tortilla y caña a que un año más llegaremos a diciembre y nos comeremos los turrones.

Empieza el curso político. Se levanta el telón (nunca mejor dicho).

Carlos M. Florit Canals
www.florit-abogados.com

4 septiembre, 2018

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