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La otra crónica del debate

La otra crónica del debate

En los “partidos del siglo” muchas veces pasa lo mismo que en el debate a cinco: Que luego el partido no está a la altura de las expectativas

Las cadenas de televisión lo organizaron como un espectáculo, como si fuera uno de esos partidos de fútbol que suelen llamarse “el partido del siglo”.

De hecho, cuando veía la llegada de los candidatos a la sede de la Academia no pude evitar acordarme de aquellas antiguas retransmisiones del Canal + que empezaban con la llegada de los autocares al estadio mientras sonaba The Dream de Jerry Goldsmith. Alguna cadena debería de haber rescatado esa sintonía cuando los candidatos iban llegando, en Audi blindado o en taxi.

En los “partidos del siglo” muchas veces pasa lo mismo que en el debate a cinco: Que luego el partido no está a la altura de las expectativas.

Mi entrada de hoy, sin embargo, no será uno de tantos análisis sobre quién ganó, qué zasca fue más incisivo o qué lenguaje no verbal delató a uno u otro candidato. No, voy a centrarla en tres momentos que han pasado muy inadvertidos y que creo sinceramente que merecen un comentario.

Primer momento: Cuando Albert Rivera se pitorreó de todos nosotros.

El sábado o el domingo el periódico digital de Pedro J. Ramírez publicaba la noticia de que Albert Rivera había cruzado una apuesta con Pedro J.: Jugarían una partida de ping pong. Si ganaba Rivera, Pedro J. se obligaba a pedir el voto para Ciudadanos; si ganaba Pedro J., Albert Rivera se obligaba a decir la palabra “Ping Pong” durante el debate.

Ganó el periodista.

Y Rivera cumplió. Avanzado el debate, creo que en el cuarto bloque, Pedro Sánchez y Pablo Casado se enfrascaron en un cuerpo a cuerpo sobre qué partido era más corrupto y Albert Rivera, mientras los otros discutían de corrupción, un tema que a Rivera le debe de parecer trivial, aprovechó el momento para cumplir con su compromiso en la apuesta perdida: “Ustedes juegan al ping pong”

Pues yo de un político que me pide el voto para ser presidente del Gobierno espero que me dé argumentos (sin insultos, sin demagogias, sin fake news) y no me gusta que en pleno debate se ponga a jugar a apuestas personales con un periodista.

Segundo momento: Cuando Pablo Iglesias jugó más o menos a lo mismo que Rivera

Pues sí, Pablo Iglesias fue a la SER y aceptó un reto: Decir una palabra que le pidió Quique Peinado, el periodista que le entrevistaba.

No seáis mal pensados: la palabra era “buenismo”, que es el nombre del programa de Peinado.

Y efectivamente, Pablo Iglesias cumplió con el jueguecito del reto y en un momento dado, hizo paradiña y soltó: “algunos dirán que esto es buenismo…”

Pues digo de Iglesias lo mismo que de Rivera.

Tercer momento: Cuando Pablo Casado dejó gravemente en evidencia al Tribunal Supremo

Ya hacia el final del debate Pablo Casado dijo que no quería desvelar conversaciones privadas que ha mantenido con el presidente del Gobierno y, como era de esperar tras una introducción así, desveló de inmediato una conversación privada con Pedro Sánchez que éste no se atrevió a desmentir.

¿Qué le había dicho Pedro Sánchez a Pablo Casado confidencialmente en La Moncloa? Nada menos que conocía de antemano la Sentencia del Supremo sobre el “procés”. Esto es demoledor para el Tribunal Supremo.

¿Qué le había dicho Pedro Sánchez a Pablo Casado confidencialmente en La Moncloa? Nada menos que conocía de antemano la Sentencia del Supremo sobre el “procés”. Esto es demoledor para el Tribunal Supremo.

Me gustaría saber quién, antes de filtrar la Sentencia a la prensa, la filtró, parece que con bastante antelación, al Gobierno. Si yo fuera abogado de Oriol Junqueras y compañía, lo usaría ante el TEDH.

Son tres momentos que creo merecen ser destacados y que no dejan nada bien a sus protagonistas, a dos políticos que usan el debate para sus juegos y apuestas, a uno que no sabe qué significa recibir información confidencial como líder de la oposición y a esa garganta profunda del Supremo.

La próxima entrada ya será con el verdadero resultado del debate… o sea, con el recuento finalizado. Hasta entonces, feliz semana.

Carlos M. Florit Canals
www.florit-abogados.com

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