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OPINIÓN

Jubilados en guerra

Andamos en semanas de manifestaciones: las mujeres, los policías y guardias civiles, los agricultores de Alicante, Murcia y Almería… Todas con razones poderosas para mostrar su insatisfacción con un gobierno filibustero, un gobierno inoperante – PSOE y Podemos lo permiten y Ciudadanos es su amiguito del alma por más que escenifiquen desencuentros falsos como las monedas de tres euros-. Un gobierno que se preocupa exclusivamente por mantenerse en el sillón y esperar un acontecimiento – el que sea- que propicie convocar unas elecciones oportunistas y seguir en el poder mil años más.

Cuentan del criminal Stalin – antiguo seminarista y conocedor del alma humana y sus pasiones esenciales- que un día, ante sus acojonados colaboradores, mandó que le trajeran una gallina y la desplumó viva. El animal chillaba y se convulsionaba del dolor. Una vez desplumada la soltó en la sala y, andando delante de ella, le tiro puñados de trigo. La gallina, reventada por el dolor del desplume en vivo, seguía a su agresor como un perrillo faldero. Así son los hombres- pontificaba el sádico dictador- puedes causarles el dolor que quieras. Siempre te seguirán si luego les arrojas unas migajas.

Jubilados en guerraUn gobierno que se preocupa exclusivamente por mantenerse en el sillón y esperar un acontecimiento – el que sea- que propicie convocar unas elecciones oportunistas y seguir en el poder mil años más

Los jubilados parecen haber despertado del letargo de siglos – mi abuela pensaba que su pensión mísera era fruto de la generosidad de Franco y que, cuando este muriera, se la iban a quitar. Y no había quien la sacara de esa convicción, más cierta que el dogma de la Santísima Trinidad para ella-. Los jubilados – despiertos- parecen haberle cogido el truco a este gobierno trilero: La ministra Báñez y el propio Rajoy – con la ayuda de algún otro- han liquidado la “hucha de las pensiones” y ahora, para fidelizar al colectivo misérrimo de parásitos e inútiles que “vivimos más de la cuenta sin ser productivos”, se presentan como los garantes de las mismas. Esta es una técnica política viejísima, como vieja es la mentira y el trile. Rajoy expresa su dolor por no poder subir más las pensiones. Para otras cosas sí hay dinero, para sueldazos de políticos, de banqueros, para rescates varios…Las pensiones se garantizan con subidas de miseria. Lean una antiquísima coplilla que recuperó Caro Baroja: “El señor don Juan de Rodres/con caridad sin igual/ hizo este gran hospital/ y también hizo los pobres”. Es decir, yo creo el problema y luego me ofrezco y salto al escenario, con gran aparato propagandístico, como la solución maravillosa. Así los Rajoys, los Marotos y los Casados, los Hernandos y los Maillos, viven como Dios eternamente mientras la abuela de la bata boatiné y las zapatillas de paño, tose sin parar en el mercadillo mientras busca tomates asequibles, con mataduras y desperfectos y que no coticen como las esmeraldas de Boyacá. Esa abuela pobre tose sin parar – por mucha toquilla que lleve- porque los antitusígenos han sido excluidos de la seguridad social y hay que pagarlos a tocateja. Tener el pecho cargado, sonando como una carraca vieja, con una tos pedregosa, como ruido de terremoto bajo la lápida, no es estar enfermo. Los Bisolvones y los Inistones se pagan aparte, como las duchas en las pensiones de mala muerte. Y llegan los gobiernos autonómicos, supuestamente de izquierdas, y se tornan de inmediato en genuflexos colaboracionistas porque el poder central infunde mucho miedo y respeto.

Los jubilados parecen haber despertado del letargo de siglos – mi abuela pensaba que su pensión mísera era fruto de la generosidad de Franco y que, cuando este muriera, se la iban a quitar

Los viejos nos hemos tirado a la calle, pero andamos – como decía John Toshack, aquel entrenador del Madrid- corriendo como pollos sin cabeza. Rajoy es extremadamente listo, funciona al ralentí, pasa de todo hasta que en el momento que considera estratégicamente adecuado, hace un movimiento con el que solo busca su estabilidad y su propio beneficio. Se la traen al fresco las manifestaciones de Madrid, de Sevilla o Bilbao porque, como Stalin con la gallina desplumada, en el momento justo cambiará la mierda del 0.25 por algún conejo sacado de la chistera para despistar al respetable que lo votará otra vez. Perdón por lo de respetable: los viejos solo somos una carga inútil, una rémora para el bienestar que vivimos demasiado sin trabajar. Deberíamos aprender de la señora Villalobos, de Felipe y de Aznar que, en edad de jubilación siguen siendo lumbreras productivas y operativos al mil por cien. En un concurso de Candy Crash, no habría quien derrotara a Villalobos. Eso es una agilidad mental y no la mía que hasta me van a quitar el carnet porque me hago un lío con esa maquinita de jugar a las bolas que los psicólogos llaman test de concepción espacio temporal, otra mierda de invento.

Jubilados en guerraManifestémonos, sí, pero sin que la protesta se quede ahí porque esos gestos se los lleva el viento y a los dos días no se acuerda nadie. Aquí lo que cuentan son los escaños que valen para aprobar leyes y resoluciones parlamentarias.

En pocas palabras: somos más de ocho millones de pensionistas. Necesitamos un partido que apriete las tuercas en el Congreso. Ocho millones de votos son más de cien escaños y es la única manera de poner de rodillas al que se empeña en no escuchar. Los escaños, y la necesidad de esos votos, hicieron a Aznar hablar catalán en la intimidad. La necesidad del PNV lo hicieron intimar con Xavier Arzallus y hablar de los etarras como movimiento de liberación vasco, cuando días antes solo eran unas ratas asesinas.

…En pocas palabras: somos más de ocho millones de pensionistas. Necesitamos un partido que apriete las tuercas en el Congreso. Ocho millones de votos son más de cien escaños y es la única manera de poner de rodillas al que se empeña en no escuchar

Un partido exclusivamente compuesto por jubilados. Solo una legislatura en el sillón sin que se pueda prorrogar por ninguna causa. Todos con una carta de baja voluntaria previamente firmada para evitar la sinvergonzonería de los tránsfugas que se venden por mucho más que un plato de lentejas. Eso e ir al Parlamento con ochenta o cien escaños a defender exclusivamente que las pensiones reflejen las subidas reales de la economía en todos los terrenos. Hay dinero para equiparar a policías y guardias civiles con las policías autonómicas. Hay dinero para prometer un 8,8% de subida hasta 2020 a los funcionarios – ambas me parecen perfectas, nada que objetar-. No hay dinero para subir más que un 0.25 a ese grupo que se empeña en vivir demasiado aunque sean pobres energéticos, pobres medicamentosos…pobres de solemnidad. Esto pasa porque nosotros lo permitimos.

Manuel Avilés
Escritor

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