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Ciudadanos: ¿Bisagra o segunda derecha?

Ciudadanos: ¿Bisagra o segunda derecha?

Albert Rivera no quiere ser ninguna de las dos cosas…

Ciudadanos puede elegir ser un partido bisagra clásico o la segunda marca de la derecha. Albert Rivera no quiere ser ninguna de las dos cosas. Se le ha metido entre ceja y ceja ser líder de la oposición, cabeza de serie de la alternativa y finalmente presidente del Gobierno.

Pero no tiene votos para tanto, sino solamente para ser bisagra o segunda derecha.

Las dos cosas que Ciudadanos puede ser (y no quiere) tienen pros y contras. Si el partido de Rivera optara por ser bisagra tendría que levantar el cordón sanitario al PSOE y pactar tanto a derecha como a izquierda caso por caso.

España se ahorraría radicalidades y extremismos. La política nacional se vería liberada, en gran medida, de Podemos, de Vox y de los independentistas que ya no apuestan, como antaño, por la gobernabilidad del Estado sino por su destrucción. Los pros son evidentes.

Pero Ciudadanos perdería una parte de su electorado que procede en bastante mayor medida del PP que del PSOE.

Por eso Ciudadanos no quiere ser bisagra, aunque tiene razón Toni Roldán, uno de los que ha dado portazo al partido, cuando dice que el coste para España de la estrategia de Ciudadanos puede ser demasiado alto.

Si no ejerce de partido bisagra, no le queda otra que ser segunda marca de la derecha. Porque no nos engañemos, primera no es. Puede conseguir vicealcaldías, vicepresidencias, consejerías e incluso alguna alcaldía de ciudad de segunda fila, pero, desengáñese Albert Rivera: la derecha, en España, la lidera el PP

¿Qué aporta Ciudadanos como segunda marca? Más bien poco: Apenas compite electoralmente con el PSOE porque al pertenecer inequívocamente al bloque de la derecha, no llega al electorado de centro izquierda; tampoco sirve demasiado para regenerar, como se vio cuando Rivera aceptó investir a Rajoy sin intentar siquiera que le sustituyera alguien del PP sin mochila. Además, divide el voto de la propia derecha, con los efectos demoledores de la ley D’Hondt en las circunscripciones con pocos escaños.

Y para ser segunda derecha tiene que entenderse con Vox, la tercera derecha. Eso a Ciudadanos tampoco le gusta porque le mancha su relato, en España y especialmente en el extranjero.

Al final el partido de Rivera, por distintos motivos, ha puesto cordón sanitario al PSOE, a Podemos, a los nacionalistas y aparenta ponérselo también a Vox. En realidad, Albert Rivera se está rodeando a sí mismo con cordones sanitarios frente a todo el mundo, tantos que más bien acabará con un cinturón de castidad en un país en el que, vista la aritmética, se necesita que los políticos liguen pactos.

La relación entre Ciudadanos y Vox es ya de sainete. De entrada, Ciudadanos se niega a reunirse con Vox. Si se reúnen, dicen que es para tomar café. No puede haber fotos. Se niegan a firmar ningún documento programático, aunque para aceptar los votos de Vox, admiten que éstos firmen separadamente con el PP el mismo papel que Ciudadanos firma con los populares.

Esto no es serio.
Si Vox son apestados, no aceptes sus escaños, pero entonces ábrete a pactar con el PSOE.

Si el PSOE, incluso gobernando contigo, es traición a la patria, entiéndete con Vox con luz y taquígrafos y explica las condiciones programáticas que le has puesto para pactar.

En ambos casos, asume las consecuencias. Decidir es poder. Pero tiene precio.

Al final Albert Rivera se ha convertido en el perro del hortelano. Ni gobierna, ni deja gobernar. Eso ha abierto una crisis seria en la formación naranja. Su primera crisis de partido. Hay quien dice que Inés Arrimadas saldrá quemada. Sinceramente, tal como funciona la política, si sale quemada, es que la habíamos sobrevalorado, como al adolescente caprichoso, que dice Francesc de Carreras.

Carlos M. Florit Canals

www.florit-abogados.com

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