Bombas o puestos de trabajo
OPINIÓN

Bombas o puestos de trabajo

A veces es más cómodo ser ciudadano de a pie que gobernante. Por ejemplo ahora que el gobierno ha de decidir si vende bombas a Arabia Saudí para conservar el empleo de 6.000 familias en Cádiz.

La cuestión es que la Ministra de Defensa, sin encomendarse a nadie, ordenó paralizar la venta y envío de 400 bombas a Arabia Saudí. Los saudíes de inmediato replicaron que paralizaban el encargo de seis corbetas que se han de fabricar en los astilleros de Cádiz generando trabajo para 6.000 familias.

O vendes bombas, o pierdes los empleos. No es fácil.

Cualquier gobierno que vende armas sabe que éstas pueden acabar usándose. Pero no es lo mismo venderlas a Noruega que a un régimen dictatorial. En el caso de los saudíes, además, sabemos que las bombas, de hecho, se están lanzando, día a día, en Yemen, contra la población civil.

La alternativa del diablo no nos permite más opciones: O vendemos bombas a quienes las usan contra la población civil yemení o enviamos al paro de larga duración a seis mil familias. Así de crudo

Sin embargo, la bofetada de “no te vendo más bombas” tiene un precio terrible. En la provincia más golpeada por el paro de España, condenar a seis mil familias a perder su empleo en los astilleros también genera un problema de conciencia. Incluso enorme.

He escuchado el argumento de que “si no vendemos las bombas nosotros, lo harán otros”. Es absolutamente cierto. Tan cierto como que ese argumento también se lo hemos escuchado a más de un narcotraficante: “si no me compran la cocaína o la heroína a mí, total, se la comprarán a otro.”

Se ha dicho, desde el otro lado, que deberíamos ser capaces de crear empleo de calidad alternativo. Fantástico. Sí, deberíamos. Pero no somos capaces. De hecho, ni siquiera somos capaces de vender barcos de estos mismos astilleros a otros clientes. Lo siento, no sabemos hacerlo mejor.

La alternativa del diablo no nos permite más opciones: O vendemos bombas a quienes las usan contra la población civil yemení o enviamos al paro de larga duración a seis mil familias. Así de crudo.

Confieso que ante tal dilema tiendo a refugiarme en mi condición de simple ciudadano que, afortunadamente, no ha de decidir. Sí, es verdad, acabaré votando a un partido, cualquiera, sabiendo que, gane quien gane, Kichi podemita incluido, optará por vender las bombas y asegurar los empleos

Confieso que ante tal dilema tiendo a refugiarme en mi condición de simple ciudadano que, afortunadamente, no ha de decidir. Sí, es verdad, acabaré votando a un partido, cualquiera, sabiendo que, gane quien gane, Kichi podemita incluido, optará por vender las bombas y asegurar los empleos.

En el fondo, lo que hago es refugiarme en la teoría de la representación propia de la democracia parlamentaria para tratar de traspasar mi responsabilidad a quienes han de decidir y poder dormir tranquilo. Yo, lo que se dice yo, ni vendo bombas ni envío a nadie al paro.

Al final el mundo es lo que es y no sé si ya he escrito alguna vez por aquí que tengo una concepción bastante “joánica” del “mundo”. Si aceptas jugar con las reglas del mundo, te acabas pervirtiendo y si decides no jugar con esas reglas, el mundo termina por devorarte. Toda la vida surfeamos estas dos realidades con mayor o menor fortuna, con mayor o menor dignidad.

O vendemos las bombas o enviamos al paro a seis mil familias.

Supongo que sentado en el Consejo de Ministros, acabaría vendiendo las puñeteras 400 bombas y me garantizaría la venta de los barcos y los seis mil empleos en los astilleros que conllevan. Siempre podría comprar mi conciencia diciéndome que si en Yemen pierde la guerra Arabia, la gana Irán, lo que todavía es peor.

(Apunte final: Escribir contra Puigdemont es más fácil).

Carlos M. Florit Canals
www.florit-abogados.com

12 septiembre, 2018

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