Black Mirror
OPINIÓN

Black Mirror

Todavía estoy viendo “Los Medici” y “Borgen”, así que por ahora no voy a empezar “Black Mirror” aunque la tengo en lista y tentado estoy de lanzarme a YouTube a ver algún capítulo. Sé, genéricamente, que cada episodio, prácticamente una película independiente, versa sobre cómo nos afectará la tecnología en el futuro. Algo que oscila entre lo apasionante y lo preocupante.

De hecho, la tecnología avanza por momentos. Tres ejemplos:

Tengo una amiga que vive en Pekín a la que he visto estas Navidades en Palma. Me habla maravillas de la capital china, donde los salarios ya superan, me dice, a los de Madrid. Que allí ella pague todo con el móvil tampoco es especialmente llamativo. Sí lo es que los mendigos lleven colgado al cuello un cartelito con un código de barras de forma que quien quiere darles una limosna lo hace también a través del móvil.

Para ser mendigo en China hay que tener smartphone. Eso impacta.

Para ser mendigo en China hay que tener smartphone. Eso impacta

Yo suelo decir que cuando llegue a anciano me moriré de hambre, no porque no sea prudente en la administración de mis ahorros, sino porque tendré el dinero en alguna nube a la que sólo se podrá acceder a través de alguna App de móvil de undécima generación y no tengo claro si controlaré tanta tecnología.

El marido de esta amiga mía estuvo en un congreso, no sé si en Pekín o en Shanghái, en el que le sacaron una foto, la escanearon y en cuestión de minutos le detallaron todos los lugares en los que había estado en las anteriores 24 horas. Las ciudades chinas están repletas de cámaras de seguridad que envían sus imágenes a ordenadores centrales capaces del más minucioso reconocimiento facial.

No hace falta decir que la seguridad en China es máxima, pero también lo es la capacidad de intromisión de las autoridades en la vida de los ciudadanos. Pueden saber todo lo que haces, absolutamente todos los sitios que visitas, porque, obviamente, no puedes circular con pasamontañas y te tienen fichado. Todo esto tiene un aire a “Gran Hermano 2.0”.

En Occidente, que yo sepa, no se aplica esta tecnología o no se aplica masivamente en calles y plazas. Pero no es menos cierto que también pueden saber nuestros hobbies, nuestros vicios, nuestras ideas políticas… simplemente rastreando nuestras “cookies”. Poder, pueden.

Y el GPS de nuestros smartphones también permite reconstruir nuestros itinerarios y nuestras paradas.

No hace falta decir que la seguridad en China es máxima, pero también lo es la capacidad de intromisión de las autoridades en la vida de los ciudadanos. Pueden saber todo lo que haces, absolutamente todos los sitios que visitas, porque, obviamente, no puedes circular con pasamontañas y te tienen fichado. Todo esto tiene un aire a “Gran Hermano 2.0”.

El tercer caso que he conocido recientemente lo protagoniza una amiga mía en una conversación intrascendente con su suegra quien le comenta que tiene varios abrigos de visón antiguos, que si podría hacerse un chaquetón, que si debería arreglárselos porque tal y cual…

Al día siguiente, los banners de publicidad de las páginas web que visitaba mi amiga, básicamente periódicos, eran de publicidad de arreglos de abrigo de visón.

Dado lo singular de la materia, sólo se explica la “casualidad” si el micrófono del iPhone, posiblemente la aplicación conocida como “Siri”, había escuchado y seleccionado las palabras “abrigo”, “visón” o “arreglo”.

Impacta la capacidad de escucha que pueden tener en el mismísimo comedor de nuestras casas. Esto lo relaciono con esa gente que pone un esparadrapo delante de la cámara de video de los ordenadores.

Y lo más grave es que cuando le damos “aceptar a todo” en la instalación de alguna aplicación del móvil, probablemente estamos prestando nuestro consentimiento, yo diría que no informado, a todas estas cosas.

Reconozco que la tecnología me desborda, pero está ahí, para lo genial, para lo apasionante y para lo inquietante.

Sí, tengo en lista de espera esa serie, “Black Mirror”. Espero que la espectacularidad de lo que está por venir supere el lado oscuro de tales avances. Más que esperarlo, lo deseo.

Que los Reyes se hayan portado y que la cuesta de enero sea llevadera para todos.

Carlos M. Florit
www.florit-abogados.com

7 enero, 2019

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