Del pacto de la conga al pacto de la soga
OPINIÓN

Del pacto de la conga al pacto de la soga

Ha transcurrido, aproximadamente, un año y medio (corría el mes de octubre de 2015) desde que el actual Govern y sus socios internos y externos protagonizaron una de las imágenes más lamentables del presente período autonómico: la presidenta Armengol abrazada a su todavía vicepresidente, Biel Barceló, al conseller de Medi Ambient, Agricultura i Pesca, Vicenç Vidal, y a otros altos cargos políticos de la progresía local, perpetrando, pierna arriba y pierna abajo, una especie de danza de la procreación mal entendida que les valió, por parte de los medios de comunicación y los grupos de la oposición, el sobrenombre de ‘pacto de la conga’.

La hiriente escena tuvo lugar frente a la fachada del Parlament con ocasión de la derogación de la ley de símbolos. Tan felices y orgullosos se sentían los jerifaltes progres con el éxito obtenido momentos antes en el hemiciclo, como si pudiera esperarse otra cosa de quien detenta la mayoría de votos, que, prestos y raudos, se apresuraron a desafiar las leyes de la gravedad y de la estética (la política y la otra) con un baile que tal vez sea apropiado para recibir el nuevo año en las etílicas fiestas que suelen organizarse a tal fin, pero que como manifestación política pasará a la historia como lo que fue, es decir, un solemne despropósito.

De todo ello ha pasado, como decíamos, un año y medio, y mucho han cambiado las cosas en el seno del Govern, hasta tal punto que el pacto de la conga se ha convertido, por arte de birlibirloque, en el pacto de la soga, ya que tanto la presidenta como quienes todavía le prestan apoyo tienen la ídem, es decir, la soga, rebanándoles casi el pescuezo. Y no es una soga facilona, que digamos, sino una cuerda rugosa de la que incluso el gran Houdini lo tendría difícil para librarse.

Podemos está siendo contundente y pertinaz en este objetivo: quieren la cabeza de Barceló a toda cosa, servida en bandeja. O eso, o la precaria aritmética parlamentaria que sostiene al Govern de la conga podría hacerse trizas definitivamente

La realidad, se quiera o no dar por enterada la presidenta, es que tras el desgraciado episodio de las contrataciones digitadas de MÉS a su antiguo jefe de campaña, Armengol ha perdido el apoyo explícito de uno de sus socios (MÉS per Menorca) y el otro socio, el externo, ha sacado la hoz (el martillo lo guarda para sus damnificados de Izquierda Unida) para segar la tierra bajo los pies de su vicepresidente. Podemos está siendo contundente y pertinaz en este objetivo: quieren la cabeza de Barceló a toda cosa, servida en bandeja. O eso, o la precaria aritmética parlamentaria que sostiene al Govern de la conga podría hacerse trizas definitivamente.

En un territorio con una cultura democrática decente, o como mínimo aceptable, la disyuntiva de Armengol sería clara: someterse de forma urgente a una cuestión de confianza. Por supuesto, no lo hará. ¡Solo faltaría! Sería como pensar que realmente estamos en una democracia en la que los votos de los ciudadanos, delegados a sus diputados en el Parlament, constituyen el pegamento que sostiene a los gobiernos y a las mayorías.

Del pacto de la conga al pacto de la sogaPara la pizpireta presidenta, que últimamente, todo hay que decirlo, sonríe menos que de costumbre, el panorama resulta ambivalente. Por una parte, con más de dos años de legislatura por delante, tener que sacar adelante los proyectos del Ejecutivo con una minoría escuálida y un socio externo que maltrata más al Govern que la propia oposición, representa un reto enconado. Ahora bien, conociendo lo que entienden los políticos de esta vera del Mediterráneo por funcionamiento de las instituciones y, como decíamos antes, por cultura democrática, no debería descartarse la posibilidad de que para Francina Armengol todo este desaguisado sea, en realidad, sinónimo de buenas noticias.

…las cartas de la baraja marcan para Armengol un rumbo complicado en estos próximos meses, con una mar encrespada y un temporal creciente. Pero, a su vez, anuncian una mejoría apreciable de la meteorología a medida que las próximas elecciones se vayan acercando

Y nos explicaremos. Descartada la vía que manda la lógica, es decir, la convocatoria de un pleno parlamentario en la que la presidenta se someta a una cuestión de confianza, las cartas de la baraja marcan para Armengol un rumbo complicado en estos próximos meses, con una mar encrespada y un temporal creciente. Pero, a su vez, anuncian una mejoría apreciable de la meteorología a medida que las próximas elecciones se vayan acercando.

Al fin y al cabo, como ejemplo paradigmático de los gobernantes irresponsables y egocéntricos de estos tiempos, Armengol no aspira tanto a gobernar como a derrotar, y no a sus teóricos adversarios, precisamente, sino a sus socios. Y eso está en su mano conseguirlo, porque todo parece indicar que tanto MÉS, en sus múltiples versiones, como Podemos se darán el morrón en la nueva convocatoria electoral, y el partido de Armengol quedará como el gran beneficiado de la debacle de la izquierda ecologista, nacionalista, podemista y conguista.
Claro que la previsible mejoría del apoyo a Armengol en las urnas no conllevará, necesariamente, que la farmacéutica de Inca revalide su presencia en el Consolat de Mar. De hecho, es complicado entender cómo podría lograrlo teniendo en cuenta que los socios que podrían estar interesados en apoyarla (es un decir) amenazan ruina.

Así las cosas, Armengol tiene todas las trazas de convertirse en presidenta saliente dentro de más o menos dos años, abriendo de par en par la puerta del Govern al PP y a sus hipotéticos socios de centro derecha. Eso sí, habrá ganado la partida a sus compañeros de conga, que es de lo que se trata.

Eli Cosmo

20 abril, 2017

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